Vespamanía, pasión “vintage” en la Sierra

Por Elena Aljarilla.
Dicen los más fanáticos que cuando has tenido una vespa o una lambretta, la pasión por esta moto mítica nunca se te pasa del todo. En algún momento se reaviva, se transforma, se convierte en un estilo de vida, se hace adictiva y se contagia. El “movimiento Scooter” también ha llegado a la Sierra Norte con el Memorabilia Scooter Club de Miraflores, que en junio demostró su pasión por estas pequeñas joyas a motor en su II Encuentro Anual, con aficionados de dentro y fuera de nuestras fronteras.
“Nosotros somos unos locos de las vespas de chapa. No nos gustan las de plástico que se ven hoy en día. Nos hemos dedicado a ir buscando motos clásicas en el mercado, comprando vespas antiguas para rehabilitarlas y modernizarlas”. El que habla, sin poder parar de sonreír mientras mira cómo van llegando los participantes a la scooterada, es Gabriel Moreno, presidente de Memorabilia Scooter Club. Con su flamante vespa verde Scozia de 1958, Gabriel es uno de los fundadores de este pequeño club, creado hace tres años por cuatro amigos y que cuenta ya con 37 socios, todos con vespas y lambrettas clásicas. “Esperamos seguir creciendo, poco a poco aprovechando que muchos aficionados se pasan a este club por la ventaja de su entorno”.

El 4 de junio celebraron el II Encuentro Anual con más de 70 vespas rodando por toda la sierra en una ruta de 110 kilómetros por Bustarviejo, La Cabrera, Buitrago, y Guadalix de la Sierra hasta volver a Miraflores. Una jornada en la que colaboraron además numerosos establecimientos donde los scooteristas pudieron tomar el aperitivo, comer e incluso tomar copas a última hora, tras los conciertos y los concursos que habitualmente premian a la moto más bonita, al que viene de más lejos, al grupo más numeroso, etc.
Además de motos, Memorabilia Scoorter Club tiene un taller donde las arreglan y un club social donde compartir y preparar nuevas experiencias. “Nosotros somos como unos vintages en todo”, cuenta Gabriel. “Nos encanta tener las marchas en las manos. Llevar una vespa es como ir sentado en una silla, sin sitio para poder agarrarte y con una rueda muy fina. Es una forma de conducir muy distinta”. Y saben bien de lo que hablan, porque todos ellos tienen otras motos más actuales, de carretera, de trial o de campo. “Pero al final lo que de verdad nos gusta es salir todos juntos con nuestras vespas. Vas por los pueblos y siempre se acerca la gente mayor para decirte que ellos también tenían una”. Otra ventaja es “poder marchar por esas rutas de carreteras secundarias por donde ya casi nadie circula no tiene precio”. Es otra forma sencilla y apasionante de ser feliz, y lo hacen prácticamente cada fin de semana con rutas de más de 100 kilómetros.

DSC_0074Un poco de historia
Cuando el ingeniero aeronáutico, Corradino D’Ascanio creó en 1946 la vespa, y un año después, en Milán, la compañía Innocenti, desarrolló la Lambretta, ninguno podía imaginar que sus crea-ciones se convertirían en un movimiento social, una cultura, y una forma de vida. Y, que serían las dos únicas marcas de su especie que sobrevivirían generación tras generación despertando pasiones incombustibles.
La Vespa y la Lambretta se convirtieron en un movimiento social en los años 50’s y 60’s en el sur de Inglaterra donde fueron el primer símbolo de la cultura Mod y después del movimiento Skin-heads, que adoptaron estas motos como símbolo de sus tribus. La explicación no es otra que la económica: el transporte público cerraba demasiado temprano y la única alternativa para poder volver a casa después de las grandes fiestas que organizaban los Mod, era el scooter, mucho más asequible para estos jóvenes, en su mayoría de clase obrera, que cualquier coche.
Fran Perujo del Scooter Club Escorial nos habla de “un resurgimiento de la cultura scooterista” como movimiento global, que se ha extendido como la pólvora fuera de Inglaterra y de Italia. Y, aunque es una pasión ligada a una estética y a una música, con un movimiento internacional muy fuerte, como son los Mod, “también hay mucha diversidad, y muchos aficionados, como nosotros, que somos más normales. Sobre todo los más jóvenes que se suman a esta pasión”, asegura.

La fiebre scooterista
En España en la última década se han creado decenas de clubes de vespas y lambrettas por todos los rincones del país. “Pero no hay que olvidar que también hay clubs míticos que llevan muchos años difundiendo este movimiento”, apunta Fran. Entre los más importantes y antiguos están los de Madrid, Marbella, Jérez y Asturias. “El Euroyeye, por ejemplo, que se celebra cada año en Gijón, con más de 20 ediciones en su historia, organiza una de las reuniones de scooter clásicas más importantes de toda Europea” nos explica Fran, un verdadero fan de la reunión asturiana y que desde que se compró y restauró su vespa ha intentado participar en todas las concentraciones que ha podido.
32Lo malo de esta moda, nos dice, es que “lo llega a estropear un poco, le quita la esencia, y lo convierte en una víctima del mercado. La gente lo ve como una oportunidad de negocio y esto lo ha encarecido todo”. Y lo mismo opinan desde Memorabilia: “Esto parece que es una fiebre. Hace unos años costaban 600 euros y ahora no encuentras ninguna de segunda mano por menos de 2.000”. Según Gabriel, no solo es caro adquirir una vespa, rehabilitarla, también cuesta bastante. “La mía, que es del año 58, está con el motor original, la pintura original, todo original. He preferido no tocarla y que se quede retro, pero mucha gente ha invertido mucho dinero”.
La parte positiva, coinciden ambos, es que puedes encontrar fácilmente las piezas de repuesto para cualquier moto de cualquier año, casi originales. No son de la marca Vespa porque la empresa cerró, pero son piezas clonadas, idénticas a las originales.

De padres a hijos
Y esta moda que no pasa, tiene además relevo generacional. En Memorabilia el socio más mayor tiene 65 años y el más joven 22, pero ya hay aspirantes incluso de menor edad. “La pasión se inculca de padres a hijos, y siempre vas buscando una moto que le pueda servir para que puedan rodar contigo”. Ignacio tiene 16 años, de momento tiene que conformarse con ir de paquete pero sabe que le queda poco. “Mi padre se compró una moto de estas antiguas y al final se metió en el club y yo me metí con él”, nos cuenta. “Es una moto para ir de paseo, me gusta mucho. Me quedan dos años y lo estoy deseando”. Su padre tiene una vespa nueva de 2006 y otra mucho más antigua que está poniendo a punto. “Él se quedará con la antigua y yo con la nueva, que le vamos a hacer. La antigua tiene más encanto” concluye. Natalia, la hija de Fran, de tan solo 12 años, acompaña a su padre en todas las rutas que puede y también está deseando llevar su propia moto, pero a ella todavía le queda esperar.
IMG-20160604-WA0013Y sobre el género, en esta ocasión también estamos ante un hobby netamente masculino. Aunque no es raro ver a una mujer llevando una Vespa en estos encuentros, y es mucho más habitual que en las concentraciones de motos de gran cilindrada, en general las chicas van de paquete. Catia, pareja de Gabriel y tesorera del club, reconoce que aunque hay muchas chicas con Lambrettas, la proporción es siempre menor.”Yo no conduzco porque me duele la espalda pero me lo paso muy bien. Siempre voy de paquete”. Cristina también suele ir de acompañante, “tenemos el gusanillo de aprender pero todavía no ha llegado el momento”.

Fotos: Luis Alarcó y Scooter Club El Escorial

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