Torrelaguna, la villa donde descansan los santos.

Por Antonio Balduque.

torrelagunaLa antigua Torrelaguna se localizaba al pie de la sierra, en el centro del antiguo valle de Malacuera, rodeada de lagunas y vegas fértiles. Su origen parece remontarse a la época de la dominación romana, pero al contrario que sus vecinas Talamanca, Uceda y Buitrago, no debió ser una villa independiente sino un núcleo de huertas y casas de campo dedicadas al recreo de los habitantes de la cercana Uceda, villa de la que dependía la zona. Por la situación privilegiada en la que se encontraba, donde convergían rutas viarias procedentes de la montaña, la campiña y el río, la población fue creciendo, y prueba de su importancia la tenemos en los siete barrios que llegó a tener al ser conquistada por los musulmanes en el primer cuarto del S. VIII. Es muy probable que la llegada de estas tropas árabes motivara la creación de una estructura defensiva por parte de la población hispano-visigoda, muralla que luego sería reforzada por los musulmanes.
Foto Torrelaguna BereberesBárbaros en Torrelaguna
También de esta época parece proceder el nombre de la población, existiendo unos historiadores que lo hacen derivar del topónimo bereber “Tordelaj” que significa “Torre del Agua”, y otros de “Torre de los laggūna” por ser guerreros de esta tribu bereber los que se asentaron aquí formando colonias agrícolas. Esta hipótesis está avalada por la cantidad de topónimos que existen en Castilla procedentes de tribus bereberes que se instalaron en una zona, como los “Azaya” que dieron lugar al topónimo “Adaja” (Rio Adaja), de familias bereberes como los Banū Sālim que dieron origen a Madīnat Sālim (Medinaceli), o de personajes célebres como Faraŷ, miembro de la familia bereber de los Banū l-Faraŷ primer caudillo militar de Madīnat alFaraŷ, ciudad que luego sería conocida como Guadalajara. Incluso el río Jarama deriva de un vocablo bereber que significa “río de nadie o de frontera”.
Para comprender el origen de la palabra bereber hay que hacer referencia a los griegos que denominaban bárbaros a los extranjeros que no hablaban su idioma, despreciando el grado de civilización que esos pueblos tenían. Para ellos todo lo que no fuera su lengua griega era incomprensible y cuando hablaban parecía que “balbuceaban”, por eso la palabra bárbaro procede de la onomatopeya bar-bar-, similar a bla-bla-. Por herencia griega, los romanos también llamaron bárbaros a los extranjeros que no tenían ni su lengua ni cultura, así, en Hispania, los Godos invasores fueron denominados bárbaros o bereberes, de Brbr (Barbari), siendo también llamadas bereberes o berberiscas a las tribus de la costa norteafricana del Mediterráneo Occidental que llegaron a la península en las primeras oleadas invasoras del siglo VIII. Para evitar confusiones, a los norteafricanos que profesaban la religión islámica prefirió llamárseles moros, término que viene del latín maurus, gentilicio de los habitantes de la provincia romana de Mauritania o Mauretania, zona del norte de África que correspondía a la costa mediterránea de lo que hoy es Marruecos.
Foto Torrelaguna La Santa HermandadEl cocido judío
Torrelaguna permaneció en poder moro hasta 1085, fecha en que pasó a depender jurisdiccionalmente de la vecina Uceda y religiosamente del arzobispado de Toledo. Tras el paso a manos cristianas, para repoblar sus tierras acudieron grupos de segovianos, mudéjares y judíos. Los judíos que se asentaron en Torrelaguna llegaron a tener una total autonomía respecto a la población cristiana, de ahí que tuvieran una aljama que regía su vida interna, una sinagoga donde se reunían para celebrar el culto, un cementerio, por ser este espacio sagrado una de las primeras prioridades para una comunidad judía y una carnicería, local importante para que se cumpliera con precisión qué alimentos foto torrelaguna Torrelaguna-Iglesiaconsumidos seguían los preceptos de la religión y cuáles no. Respecto a las profesiones que desempeñaban, se conoce que entre ellos había médicos, zapateros, tejedores, sastres o incluso traperos, calculándose que a finales del siglo XV el 10% de los vecinos eran de esta religión. Y mencionamos ese momento porque fue el 31 de marzo de 1492 cuando los Reyes Católicos firmaron un Edicto en Granada por el cual se obligaba a todos los judíos de la península Ibérica a convertirse al catolicismo o ser expulsados. Hay autores que opinan que no fueron muy numerosos los judíos de Torrelaguna que emigraron para mantener su fe y que, por el contrario, un amplio número sí aceptaron el bautismo con la finalidad de quedarse en sus tierras y conservar sus bienes. Los judíos conversos que permanecieron tanto en Torrelaguna como en el resto de España pasaron a denominarse “marranos”, existiendo dos teorías para explicar el origen de esta palabra: para unos autores “marrano” procede de “muḥarram” que significa “cosa prohibida”, expresión usada para designar al cerdo cuya carne está prohibida para ellos, y para otros parece más probable que provenga de los vocablos hebreos “marr” que significa amargo y “anus” forzado. Como en su dieta no entraba el cerdo, su comida habitual era una olla de garbanzos, fideos, arroz, huevos duros y cebollas llamada adafina que comían preferentemente durante el “shabbat”. Como el sábado era día descanso en el que no podía encenderse fuego, la olla se dejaba cociendo lentamente en la lumbre toda la noche del viernes para ser consumida el sábado, pero tras la conversión forzada en 1492, es posible que para hacer ostentación de su nueva fe, los “cristianos nuevos” añadieron a su adafina productos prohibidos por la ley mosaica como el chorizo o la morcilla, pasando así el nuevo plato a ser conocido como “cocido”.
A buenas horas mangas verdes
Un momento de gran transcendencia para Torrelaguna fue su separación de Uceda en 1390 gracias a la concesión del rey Juan I del título de Villa Libre o Burgo. Si a este suceso añadimos la autorización de un mercado libre de impuestos, entenderemos el crecimiento y prosperidad que empieza a alcanzar la recién creada Villa y que influirá, primero, en el establecimiento de familias ilustres y, a continuación, en la erección de uno de los más importantes monumentos del gótico madrileño: la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. Esta grandiosa obra guarda curiosas historias que vamos a desvelar. En su interior, en 1485, las Juntas Generales de Castilla dictaron el ordenamiento más importante para la creación de la Santa Hermandad, primera policía profesional española. A mediados del siglo XV la inseguridad, violencia y falta de respeto a la justicia habían alcanzado tan altas cotas en Castilla que se tuvo que organizar la Santa Hermandad, una fuerza pública permanente, afecta por completo a la autoridad real, que castigaba la delincuencia fuera de las ciudades. Por las Juntas de Torrelaguna, la Hermandad queda facultada para derribar “casas, parapetos y torres” donde se refugiaran malhechores; los robos se castigaban con más dureza: dependiendo del importe de lo sustraído, al delincuente se le podía desterrar, azotar, matar a saetazos, cortar las orejas o un pie. Se calcula que la Santa Hermandad produjo “cojera judicial” a unos mil quinientos desgraciados y en cuanto a los desorejados fueron tan numerosos que su cálculo es imposible, entendiéndose que con estas medidas en muy poco tiempo el delito de robo pasara a ser sólo en un recuerdo. Una vez acabada la Reconquista, pacificado el país y prácticamente desaparecida la delincuencia común, la Santa Hermandad fue perdiendo su sentido y la eficacia que la había caracterizado, llegando a ser tan inoperante que lo habitual era que sus miembros casi nunca llegaran a tiempo para capturar a los malhechores, y como vestían con uniforme de mangas verdes y coleto empezó a extenderse la frase: “A buena hora mangas verdes”.
Un lugar de descanso digno de un Santo
La importancia y prestigio que llegó a tener la iglesia de Santa María Magdalena, hicieron que en ella se parara a “descansar” el cuerpo de San Eugenio en su viaje de París a Madrid. A mediados del siglo XVI Felipe II estaba angustiado porque su esposa, Isabel de Valois, no conseguía quedarse embarazada. Como gran devoto que era de santos y reliquias pensó que la presencia del cuerpo incorrupto haría maravillas, llegando a un curioso acuerdo con Francia: nosotros le mandamos la cabeza de San Quintín y ellos nos remiten la momia de San Eugenio, primer arzobispo de Toledo, que estaba enterrado en la iglesia parisina de San Dionisio. Los restos incorruptos del santo partieron de Francia en el interior de una urna de plata y bronce, teniendo nuestra magnífica iglesia el privilegio de velar sus reliquias poco tiempo antes de presentárselas a la reina. El 14 de noviembre de 1565 Isabel se postró ante la urna, rezó con fervor, pidió su mediación y solicitó un milagro para que pudiera quedarse embarazada. A cambio se comprometió a poner el nombre del santo al primer fruto que Dios le diera. San Eugenio debió quedar muy complacido con el trueque pues exactamente cuarenta días después de producirse el encuentro se confirmó el embarazo de la reina. El 12 de agosto de 1566 nació una niña a la que bautizaron como Isabel Clara Eugenia. Isabel por su madre y su abuela paterna, Clara por su belleza y Eugenia por el santo.
Santa María Magdalena también nos depara otras sorpresitas: los altares privilegiados y su privilegio de asilo. Por concesión apostólica del Sumo Pontífice las capillas de San Juan y de las Vírgenes o de las reliquias pasaron en el siglo XVI a gozar del privilegio de ser Altares perpetuos del Alma, lo que significa que el alma que se encuentra en el purgatorio por la que se dice una misa en ese altar recibe una indulgencia plenaria. Y el otro privilegio radicaba en ser un templo en el que podían refugiarse los que querían sustraerse a las vejaciones injustas o arbitrarias. Desde el Concilio XII de Toledo del año 681, bajo pena de excomunión, se tenía que respetar no solo el interior de la iglesia donde alguien se había acogido a sagrado, sino también treinta pasos alrededor de la misma para que pudieran salir a orinar y defecar. En 1725 se llegó a afinar tanto que se dictaminó que quien quería refugiarse en una iglesia y se encontraba con sus puertas cerradas, con asirse al picaporte de las mismas o subirse al tejado ya se consideraba bajo protección.
foto torrelaguna Alhondiga-Alfoli-SalUna joya en Torrelaguna: la Alhóndiga
Y como de sorpresas hablamos, no debemos olvidar una joya en la calle de la Estrella: la Alhóndiga medieval. La palabra alhóndiga procede del castellano antiguo alfóndiga, y ésta del árabe hispánico alfúndaq, que designaba no sólo a la posada donde se alojaban los mercaderes forasteros, sino también al local público destinado a almacenar, comprar y vender granos u otros comestibles, siendo este edificio el mercado donde se movían todos los productos que llegaban y salían de Torrelaguna. En 1480 los Reyes Católicos propiciaron la construcción de pósitos, edificios adecuados para la provisión del pan y productos esenciales para los ciudadanos, considerándose al cardenal Cisneros como el verdadero impulsor y continuador de estas medidas adoptadas por los Reyes Católicos. Gracias a él, Torrelaguna pudo contar en 1514 con un pósito, edificio que en la actualidad es el Ayuntamiento, pasando la alhóndiga de la calle de la Estrella a cumplir desde entonces las funciones de Alfolí de la sal. La sal fue un monopolio estatal hasta el año 1869, realizándose bajo control su almacenamiento y distribución, siendo el alfoz el territorio donde se distribuía y el alfolí el espacio donde se almacenaba este mineral en Torrelaguna. La sal es tan indispensable para la vida que sin ella nuestro cuerpo no puede funcionar adecuadamente y pierde la salud, de ahí que la palabra sal proceda de Salus, diosa de la salud. Tan vital era que fue utilizada como dinero, por eso la palabra salario deriva del latín salarium, es decir, “pago por sal” o” pago de sal”. Incluso la palabra ensalada deriva de la sal porque la “herba salata” era un plato que se consumía ya en el Imperio Romano consistente en vegetales en crudo aliñados con agua y sal, denominándose “insalare” al hecho de añadir sal a los alimentos. En la actualidad, el Alfolí de la Sal ha dejado sus funciones de almacén salino para pasar a ser un magnífico edificio rehabilitado que cumple funciones de restaurante. En su interior podremos sentir como por nuestros poros se filtra la historia de esta centenaria villa y la andorga se estimula con unos manjares propios de la mesa de Gonzalo Jiménez de Cisneros, preclaro cardenal torrelagunense.

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