San Sebastián y Sitges: No es fácil ser un festival de peso

Por Manuel Barrero.

65 y 50 años. San Sebastián y Sitges. En 2017 los dos festivales de cine más importantes de España llegarán a tan significativas edades respectivamente. El primero pertenece a ese selecto grupo merecedor de la categoría A (apenas una quincena de certámenes en el mundo ostentan tal distinción), mientras el segundo sigue siendo el festival de cine fantástico más grande del planeta. Cuando ya se encuentran preparando tan señaladas efemérides, nosotros analizaremos las pasadas ediciones.

ALIPATO - Festival de Sitges

ALIPATO – Festival de Sitges

Empezamos por Donosti, que en la segunda mitad de septiembre se convierte en la capital mundial del cine. El problema al que se enfrentan sus programadores para configurar su sección oficial tiene difícil solución. Los grandes mastodontes europeos acaparan a los directores más apetecibles, quedando Donosti relegada a una posición de desventaja. Es muy significativo que la sección estrella sea ‘Perlas’, la cual se nutre de lo más destacado de otros festivales. Se va a lo seguro, porque se proyectan algunas de las grandes obras del año. Pero al final se convierten en una especie de ‘Preestrenos’, ya que la mayoría llegan ya con fecha de estreno en salas comerciales.

THE LURE - Robert Paika

THE LURE – Robert Paika

Como decimos, queda muy poco margen de maniobra para San Sebastián. Para la sección oficial de su 64 edición, esos leves resquicios permitieron la presencia de Bertrand Bonello y Hong Sang-soo, autores de gran prestigio que presentaron los títulos más estimulantes a competición.

NOCTURAMA - Festival San Sebastián

NOCTURAMA – Festival San Sebastián

El francés realiza en Nocturama una arriesgada lectura sobre la Europa actual y el terrorismo, mientras el coreano nos regaló con Lo tuyo y tú una maravillosa variación de las constantes que rigen su cine. Muy poco podemos destacar del resto. Mucha película intrascendente, y unas cuantas indignas de formar parte de la sección

JESÚS - Festival de San Sebastián

JESÚS – Festival de San Sebastián

oficial de un festival clase A. Suponemos que ese desastre que es American Pastoral se coló por ser el debut en la dirección de Ewan McGregor. O que la insoportable pedantería de Orpheline consiguió hacerse hueco gracias a sus deslumbrantes actrices. Pero es difícil entender la presencia de películas como Ikiru o As you are. Más sentido tiene programar filmes como Playground o Jesús, que al menos crean espacio para la polémica, lo cual siempre es de agradecer. Tampoco el cine español, siempre una parte fundamental de la sección oficial, resultó demasiado satisfactorio. El hombre de las mil caras es un Alberto Rodríguez menor, bastante por debajo de su anterior La isla mínima. Mientras, Que dios nos perdone polarizó mucho las opiniones. Parece difícil abstraerse de sus enormes agujeros en el guión, pero precisamente ese fue el premio que le otorgó el jurado a la película de Sorogoyen. El tercero en discordia fue Jonás Trueba, otro director que levanta pasiones encontradas. La reconquista es una muestra de lo mejor y lo peor de su cine. Un cine con detalles interesantes, pero que acaba siendo fallido e impostado.

Con una sección oficial carente de riesgo, tenemos que ir a las secciones paralelas para encontrar ese cine más radical y diverso. Especialmente ‘Zabaltegi-Tabakalera’, espacio repleto de propuestas atrevidas, y que nos regaló la oportunidad de ver A Lullaby to the Sorrowful Mystery, película del filipino Lav Diaz con una duración superior a las ocho horas. Una sección por la que tenemos especial debilidad es Nuev@s Director@s, en la que siempre se puede encontrar algún nuevo talento al que seguirle la pista. Vimos ecos de Hong Sang-soo en la coreana Our Love Story y en la japonesa Summer Lights. Y volvimos a la crudeza latinoamericana con Fin de semana, una película sin concesiones a la hora de mostrar el sexo. Algo que también ocurría con la chilena Jesús, en la que las deserciones fueron abundantes.

Es curioso como aún en la actualidad el sexo explícito sigue siendo el mayor ahuyentador de público en el cine. Así saltamos hasta Sitges, donde se proyectó Tenemos la carne, un film mexicano que también espantó al respetable por culpa de sus descarnadas secuencias sexuales. El festival que dirige Ángel Sala, que se celebra en la primera mitad de octubre, no teme apostar por propuestas más arriesgadas. Y no solo en sus kamikazes secciones alternativas, la misma sección oficial cuenta con filmes tan radicales como el antes mencionado. Un thriller complejo y profundo en el que Na Hong-jin vuelve a demostrar que es uno de los grandes directores del género. También desde Corea del sur llegó Karaoke Crazies, una inclasificable obra que despierta simpatía gracias a su modestia. Y no queremos olvidar tres obras muy destacadas, dirigidas todas ellas por mujeres. Anna Biller dirige The Love Witch, una delicia estética que actualiza cierto cine de serie b setentero. La polaca Agnieszka Smoczynska consigue con The Lure, una furiosa antifábula feminista, que tiene como protagonistas a dos hermanas sirenas. Y el gran descubrimiento del año es Grave, donde Julia Ducournau explora las dificultades de la adolescencia a través de una historia de canibalismo contada con exquisito gusto, a pesar de lo desagradable que puede ser. Un film con mucha fuerza que nos descubre a una autora muy prometedora.

Lo mejor de Sitges es su maravilloso eclecticismo, lo que abre infinidad de posibilidades a la hora planear qué festival quieres ver. Aparte del terror puro y duro, hay muchas más rutas a seguir por los laberintos de sus secciones paralelas. En la pasada edición tuvimos buen western con El valle de la venganza y Comanchería, filmes que combinan con mucho acierto lo clásico y lo moderno. Buen cine independiente con I Am Not a Serial Killer y The Transfiguration, donde vuelven las incisivas reflexiones sobre adolescencia e identidad a través del fantástico. Apasionantes experimentos formales como Tower o The Eyes of My Mother. La animación en el documental y una cuidada composición de planos en blanco y negro son los rasgos distintivos de cada uno. Incluso dentro del terror tenemos algunos que no se olvidan del contenido político. Tampoco faltó el terror con contenido político (Under the Shadow) o alguna propuesta tan enigmática y simbólica como I tempi felici verranno presto. Y no podemos olvidar el carácter lúdico de Sitges. Dentro de esas películas hechas para divertir destacaremos Karate Kill y Cazador de demonios. El japonés Kurando Mitsutake nos vuelve a deleitar con una cinta de acción hilarante. También la comedia domina en el film protagonizado por Dolph Lundgren, convertido ya en actor de culto, y que estuvo presente en Sitges recogiendo un premio a su carrera. En este repaso por lo más destacado de la pasada edición queremos acabar con dos de las obras más excéntricas del año. The Greasy Strangler es una comedia estrafalaria y surrealista, con algunos momentos de genialidad en el absurdo. Pero el gran hallazgo fue la filipina ALIPATO, una locura que se sumerge en el más puro cine de guerrilla para dar voz a aquellos que viven en la marginalidad.

LO TUYO Y TÚ - La aventura audiovisual SL

LO TUYO Y TÚ – La aventura audiovisual SL

Expectantes estamos ante un 50 aniversario que ya se prepara con mimo desde la dirección del festival. Habrá un recorrido por su historia y el leit motiv será Drácula, figura clave dentro del género fantástico. Sus responsables ya han anunciado que el certamen contará con un día más de duración, y es que la ocasión lo merece. Expectantes también por ver qué rumbo toma Donosti, especialmente si consigue mejorar su sección oficial. O al menos, si consigue consolidar Zabaltegi como espacio para los que buscan un cine más allá de lo convencional. Y es que, al fin y al cabo, ese debería ser el propósito de todo festival de cine: acercar al público ese cine de interés al que es complicado acceder por los medios habituales.

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