La mentira de las dietas milagro

Por Susana León (Coach Nutricional)

El 85% de las personas que se ponen a dieta son mujeres, y en la mayoría de los casos no consultan a un profesional para conseguir su objetivo, sino que se informan de manera genérica en internet, sin tener en cuenta sus condiciones particulares y buscando una reducción rápida y drástica de kilos, sin pensar en la protección de su salud.

Los cánones de belleza de nuestra sociedad condicionan especialmente a las mujeres, deseosas de mantenerse jóvenes y bellas a lo largo de los años. Sin embargo, este enfoque centrado en el aspecto físico, provoca que se pierda la perspectiva de lo realmente importante: la salud de la persona. Aunque el 53% de la población española mayor de 18 años tiene sobrepeso, sólo un pequeño porcentaje se pone en manos de un profesional para cambiar sus hábitos y mejorar su salud. La mayoría decide confiar en la autoprescripción y buscan resultados milagrosos con las dietas que siguen (el 76% de las mujeres que inician una dieta tienen como objetivo adelgazar de forma rápida y sólo por cuestiones estéticas). Obviamente, este enfoque lleva a la frustración en la mayoría de las ocasiones (el 81% de las mujeres que iniciaron una dieta fracasaron), pues los objetivos que se marcan son irreales y no enseñan a la persona a cambiar sus hábitos dietéticos por otros más saludables que permitan conseguir un peso saludable y mantenerlo en el tiempo.

Dieta significa hábito de vida
La palabra “dieta” procede del griego “dayta”, que significa estilo o régimen de vida y comprende una serie de acciones enfocadas a mantenernos sanos. Sin embargo, hemos terminado asociando la palabra dieta a una forma desequilibrada de alimentarnos, aplicando restricciones alimentarias sin criterio científico ni biológico que sólo consiguen afectar negativamente a nuestro metabolismo. Es fácil encontrar en internet multitud de dietas que prometen hacernos adelgazar 5kg en un mes, pero no explican el coste metabólico que esto conlleva (son las llamadas “dietas milagro”). Además, hemos asociado adelgazar a perder peso, cuando en realidad, adelgazar es perder masa grasa (no muscular, que es lo que muchas de estas dietas desequilibradas consiguen). Por eso es importante iniciar un plan alimentario (sea para adelgazar o no) guiados por un especialista que nos realice una impedancia bioeléctrica, una prueba indolora que consisten en la medición no sólo del peso, sino también de la masa grasa y la masa muscular y que paute una dieta a medida para la persona en función de sus características físicas, nivel de actividad, gustos y condición de salud. Solamente con una dieta saludable personalizada la persona se sentirá cómoda para iniciar y seguir el plan nutricional que le lleve a conseguir su objetivo y no caer en el temido efecto yo-yo.

Diferencias entre mujeres y hombres
En los últimos 30 años, la mujer ha aumentado las calorías totales que ingiere en un 22% (respecto al incremento del 7% en el caso de los hombres), y principalmente en forma de carbohidratos y azúcares refinados. Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres hacen necesaria la pauta de planes dietéticos diferenciados. La mujer tiene un mayor porcentaje de grasa que los hombres, y menos masa muscular (la masa muscular hace más activo el metabolismo), por lo que la ingesta calórica de estas debe ser menor que la de un hombre. Además, las diferentes etapas biológicas de la mujer (embarazo, lactancia y menopausia) también influyen a la hora de planificar una dieta, debiendo tener en cuenta estos aspectos para aportar los nutrientes necesarios en cada momento de la vida de la mujer.

No sólo es cuestión de calorías
Los últimos estudios nutricionales indican que no son las calorías totales lo más determinante a la hora de conseguir y mantener un peso saludable, sino más bien los tipos de alimentos y su forma de elaboración. Hasta hace poco tiempo, las dietas de pérdida de peso de 1.000 o 1.200kcal eran las reinas de las consultas nutricionales, mientras que hoy en día se apuesta por la elección de alimentos saludables, lo menos procesados posible y evitar al máximo la ingesta de azúcares y harinas refinadas. Un ejemplo de este cambio de paradigma es la propuesta que hace la Universidad de Harvard, que abandona el clásico modelo de pirámide alimentaria y propone seguir una dieta basada en el plato saludable, donde los cereales integrales, la fruta y verdura y las proteínas poco grasas son la base de la alimentación.

GuardarGuardar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *