La escucha activa

Por Verónica Álvarez.
Qué sería del ser humano sin poder expresarse,
compartir y hablar, relacionarse y en definitiva… comunicarse.El hombre es un ser social, sin lugar a dudas, la comunicación constituye un hito en nuestro desarrollo, la capacidad de relación interpretación y desarrollo del lenguaje supone la diferencia más íntima y a su vez esencial con el resto de nuestros parientes animales.

Pero si bien somos capaces de comunicarnos, cuántas veces hemos acusado un claro y marcado déficit en nuestra comunicación, es decir, cuántas veces no hemos desarrollado o potenciado nuestras habilidades en nuestra comunicación.

El hecho de comunicarse implica necesariamente la presencia de un emisor y un receptor, sin olvidar en ningún caso el mensaje que se transmite. Lo que ocurre en muchas ocasiones es que olvidamos que el mensaje no sólo es transmitido en un código verbal, si no que más del 70% del mismo deriva en un lenguaje no verbal. Así, por ejemplo, al afirmar que nos ha encantado nuestro último regalo de cumpleaños, si lo acompañamos con un gesto frío y una entonación hosca y seca, no dirá lo mismo que si lo recibimos con una amplia, profusa y sincera sonrisa.

Todos conocemos y podríamos citar en teoría cuales son los principios básicos para lograr una correcta comunicación, pero, tal vez por sonar a Perogrullo, frecuentemente nos olvidamos de ellos. Por ello, recordar alguna estrategia básica nos ayudará a refrescar nuestra a veces encallada memoria.
Hablar de comunicación, y más concretamente hablar de una buena comunicación implica inherentemente mentar la escucha activa. Saber escuchar constituye el principio y el fin del proceso relacional. Y hacerlo de manera activa supone utilizar la empatía y ponerse en el lugar del otro. Es interder la comunicación desde el punto de vista del que habla.

Por lo tanto, debe existir una predisposición, una actitud positiva de escucha y hacer que el otro lo perciba como tal, ya sea de manera verbal, como de forma no verbal, basta un simple umm, o ajá, para percibir tal predisposición.

ALGUNAS CLAVES PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN
Ser concreto y preciso, exhaustivo, no divagar en las generalidades es fundamental. Por ejemplo, si deseamos pasar más tiempo con otra persona, es mejor pasar a la concreción y proponer hacer algo juntos antes de perderse en el sentimiento general como “me siento solo”, que puede ser cierto, pero probablemente no sea comprendido o consecutivo de ninguna acción.

La concreción va de la mano, sin duda, de evitar las generalizaciones, siempre y nunca, no son buenas amigas de una comunicación eficaz, sólo ayudan a etiquetar y posiblemente provocar una cerrazón mental. Mucho mejor utilizar el a veces o en ocasiones, y sobre todo es más efectivo.

Lo bueno si es breve, dos veces bueno. Evita enrollarte en una idea y repetir varias veces lo mismo, la atención del oyente se va a dispersar y el objetivo probablemente se perderá. Por ejemplo, si lo que deseas es que tu hijo recoja la mesa, no se lo repitas de manera incesante, una vez basta. Sabrá que las cosas sólo se dicen una vez.

Elige el lugar y el momento adecuado. Recuerda que el estado de ánimo no es el mismo después de un largo y duro día de trabajo que en la mañana soleada de un domingo en el campo. Lógico ¿verdad? Olvidado, también.

Cuida el lenguaje no verbal. Ya hemos hablado de su enorme importancia, por tanto, ha de ir en consonancia con el verbal. Mira siempre a los ojos del interlocutor y utiliza un tono emocional adecuado a cada situación comunicativa.

Céntrate en lo positivo, cuando quieres hablar con alguien de ciertos aspectos que no sean de tu agrado o que es necesario abordar para un cambio, la negatividad sólo ayuda a la adopción de una postura defensiva por parte del otro, empieza por un “ estamos encantados con estas cosas que vienes realizando…” por ejemplo, y ya más adelante expresa aquello que sea más negativo.

No acumules emociones negativas sin hablarlas, es mejor ir tratándolas una a una. Si no, pueden salir todas de una manera poco deseable. Siempre es mejor discutir los problemas de uno en uno. No aprovechar una discusión para “sacar” todo aquello que teníamos guardado, no dará buen resultado, ni producirá una buena comunicación.

Al hablar con otra persona o incluso de otra persona, es importante centrarnos en aquellas cosas que hace, no en lo que es. Por ejemplo, no es lo mismo decirle a alguien que es un desastre, que recordarle que se ha vuelto a olvidar de tender la lavadora. Similar sí, pero en resultado, nada que ver.

Una buena comunicación te ayudará notablemente en el día a día, en las percepciones de los demás, y sobre todo, en las tuyas propias, no olvides que la base de las relaciones interpersonales radica en una buena comunicación.

 

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