Por el Valle central de Costa Rica

Por Verónica Alvárez

Bañada entre aguas caribeñas de ritmos jamaicanos y aventureras e intrépidas mareas del océano Pacífico, con sus 51.100 km2, Costa Rica, se sitúa en el corazón de Centroamérica.
Pese a su discreto tamaño, Costa Rica alberga el 4% de la biodiversidad mundial, situándose entre los 25 países más biodiversos del planeta. Esto junto a sus kilométricas playas, sus parques naturales protegidos y la amabilidad de sus gentes hacen del país centroamericano un destino excelente para todos los amantes de la naturaleza, el deporte y el ecologismo.

Comenzando en la capital, San José, parada obligatoria por su proximidad al aeropuerto internacional Juan Santamaría, la mayor urbe de Costa Rica no nos lleva más de unas horas recorriendo sus puntos principales como el Teatro Nacional, el edificio Metálico o el Parque Morazán. Pero no es sino en Alajuela donde realmente comienza el viaje si se accede al país por su aeropuerto principal. Pequeña urbe de la provincia homónima supone el inicio hacia la exploración del valle central.

A 2.708 metros de altitud encontramos la que será nuestra primera parada, el Volcán Poás. De fácil acceso, supone una visita obligada en el centro del país. Su cráter inconfundible resulta de excepcional belleza cuando las nubes descansan en el incesante abrazo a su cumbre.

Cerca de allí, continuando por la carretera flanqueada por verdes cafetales, no en vano Costa Rica es conocida y venerada por su excelente café gourmet, siendo fuente de ingresos principal de la economía familiar del país durante más de doscientos años, llegamos a las Cataratas La Paz. Cinco grandes saltos que produce el río la Paz en su caída por la ladera del volcán Poás, conforman un marco natural inolvidable que nos acompañará hasta nuestro siguiente destino, La Fortuna.

Es en el centro del valle central donde se localiza La Fortuna, un pueblo de animada vida turística creado alrededor del su vivo parque central. Famoso por su proximidad al volcán Arenal, unos días en la pequeña ciudad nos adentrarán en su mayor atractivo, la montaña de fuego. Activo en la actualidad son incontables las noches en las que nos brinda su belleza en forma de lava incandescente acariciando sus laderas. Tras recorrer los alrededores, nada mejor que finalizar el día en las aguas termales de la zona, desde el lujo del hotel resort Tabacón hasta las free hot springs disfrutando de la autenticidad de los locales.

Nuestra ruta continúa hacia el norte, donde una sinuosa carretera que discurre serpenteante bailando al ritmo de la espectacular Laguna Arenal nos conduce hacia el volcán Tenorio. La Laguna Arenal, lago de mayor extensión de Costa Rica creada en 1973, debe a su presa su uso como central eléctrica, siendo su agua la que abastece a la población de Guanacaste. Una parada en el camino para deleitarse de su espectacular belleza y del ambiente de puerto que se respira a su alrededor, con varios deportes acuáticos disponibles, suponen un alto en el viaje antes de continuar recorriendo el país tico hacia el espectacular río celeste enclavado en el parque natural del Volcán Tenorio.

El parque natural del volcán Tenorio y río celeste se halla en la provincia de Guanacaste. Como su nombre indica, el río se tiñe de un espectacular tono azul claro como resultado de diversas micropartículas que en exposición a la luz reflejan ese peculiar tono celeste que adquiere su máxima admiración en la cascada del parque. Unas horas caminando a través de su bosque nuboso nos brindarán la oportunidad de conocer las especies de mamíferos y aves más características, así como la posibilidad de avistar la famosa mariposa azul, morpho, de aspecto majestuoso y danza elegante deleita con su belleza al viajero que es capaz de admirarla.

Tras abandonar la ruta por el Volcán Tenorio y avanzar varios kilómetros carretera adelante nos embarcamos de nuevo hacia la zona central de Costa Rica, Monteverde.

No siendo fácil la llegada al pueblo de Santa Elena, la dificultad bien merece el esfuerzo, caminos pedregosos entre las cumbres desembocan en esta encantadora villa. De animada vida nocturna, los lugareños se reúnen la noche de los miércoles para disfrutar del Karaoke y de los amigos. Y en el mismo centro de la localidad, llama la atención el famoso restaurante que nace alrededor de un gigantesco árbol, el cual queda totalmente enclavado dentro del establecimiento.

La comunidad de Monteverde fue fundada en 1951 por un grupo de quáqueros de Estados Unidos. Tras comenzar con la tala de árboles para crear pastos para sus reses pronto se dieron cuenta de la importancia de la conservación de la selva virgen. Fue entonces cuando crearon una reserva de unas 10.000 hectáreas de bosque nuboso de Monteverde.

Son muchas las actividades y encuentros con la naturaleza que ofrece Monteverde. Sus principales reclamos naturales son la reserva de Santa Elena y la de Monteverde, famosa esta última por los puentes colgantes que vuelan sobre el bosque, entre las nubes que abrazan sus puntos de mayor altitud así como de las numerosas empresas que facilitan el canopy, el sistema de tirolinas más largo del mundo que orgullosos reclaman como creadores los ticos (costarricenses)

Menos conocida por los turistas extranjeros, pero sí por los autóctonos, es la Reserva de Curicancha. Lugar ideal para el avistamiento de aves, supone un lugar idóneo donde contemplar la fusión y transición que se realiza entre el bosque nuboso, y el bosque tropical, mucho más seco. El clima proveniente de la costa caribeña choca con el pacífico creando una división tan clara que resulta asombrosa durante la caminata por el parque.

De la mano de un guía es posible divisar un sin fin de especies diferentes, inclusive de los intrépidos colibríes, que disfrutan revoloteando en el centro de la reserva.

Y después del día de canopy, naturaleza y aves, nada mejor que gustar de una buena cena planificando las siguientes etapas para descubrir este paraíso llamado Costa Rica.

¡PURA VIDA!

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