La gran mentira de la conciliación

Por Elena Aljarilla.

No es un privilegio, no es un favor que te hace tu jefe, no es esa mano que te echa tu pareja en casa con los niños… La conciliación personal, familiar y laboral es un derecho que permite a cualquier persona mantener una carrera profesional plena, a la vez que cuida de su familia y se desarrolla como persona. Es un derecho de todos y una obligación de la administración garantizarlo, pero hoy por hoy no es más que la gran mentira que obliga a las mujeres a renunciar a muchos de sus sueños y las condena a la precariedad laboral y económica.

La conciliación familiar es la gran asignatura pendiente de la igualdad entre hombres y mujeres y una bochornosa promesa electoral, que partidos de todos los signos utilizan como percha electoral cada vez que se aproximan unos comicios, pero que desagraciadamente se queda en el tintero cada vez que hablan las urnas. No es que no sea posible, es que no hay voluntad política para garantizarla, porque se necesita algo más que simples leyes.
La verdadera conciliación exige una revolución cultural, económica y social, y la negación de su importancia hipoteca el futuro de nuestras generaciones en sociedades cada vez más envejecidas, donde las tasas de natalidad no dejan de caer en picado porque ser madre implica demasiadas renuncias laborales. En España, el 58% de las mujeres ha renunciado a su carrera profesional al ser madres frente al 6% de sus parejas hombres, una renuncia entendida como reducción de jornada, excedencia o abandono del mercado laboral. ¿Podemos permitirnos perder tanto talento? Y, a los hombres, las políticas de conciliación no les permite involucrarse en la crianza de sus hijos, o en el peor de los casos les da una excusa para no hacerlo.
El 80% de las mujeres en nuestro país reconoce tener problemas para poder conciliar su vida laboral con su vida familiar, y más del 50% asegura que ha sufrido castigos o consecuencias negativas en su trabajo derivadas de su maternidad. La maternidad es por tanto un castigo que frena las oportunidades profesionales de la mujer, las relega a posiciones de menos responsabilidad y las condena a salarios más bajos, y al empleo a tiempo parcial. Incluso cuando hay un apoyo claro por parte de la pareja, el dinero es finalmente el que decide quién va a hacer el sacrifico, y éste suele caer siempre del lado de las mujeres.
El primer cambio importante es el cultural y tiene que darse en las propias mujeres. Se lo tienen que creer. Aunque hay más chicas que chicos en la universidad, y tienen mejores expedientes académicos, sus aspiraciones y ambiciones son mucho menores. Muy pocas creen que vayan a llegar a la alta dirección porque ven en la maternidad un freno. Y, de hecho, muy pocas lo lograrán porque llegado el momento ellas se sacrificarán y reducirán sus jornadas, frenarán su crecimiento en la empresa quedando relegadas a puestos de menos responsabilidad, y cuando estén un poco más liberadas y los niños hayan crecido ellas estarán varios escalones por debajo que cualquiera de sus compañeros varones, que sí han seguido creciendo en su carrera profesional. Por supuesto que hay excepciones, pero esta es la regla más extendida en todos los sectores.
Y dentro de lo cultural, ahora que la mujer se ha incorporado al mercado laboral, ¿para cuando la incorporación del hombre a las tareas del hogar? Las mujeres siguen acaparando casi el 70% de las horas del trabajo doméstico, lo que significa seguir trabajando después de salir de trabajar.
El camino es largo acabo, pero en una sociedad que avanza vertiginosamente no podemos seguir organizando el cuidado de los niños como hace 100 años. Mientras se siga pensando que son las mujeres quienes deben ocuparse del cuidado de las personas dependientes de la familia, y que son ellas las que se van a ausentar en caso de que su hijo o hija se ponga en enfermo, se perpetuarán los roles de género que impiden que las mujeres desarrollen una carrera profesional en las mismas condiciones que los hombres. Mientras ellos se dediquen al trabajo remunerado en exclusiva y ellas deban compatibilizar su trabajo con otros aspectos de la vida, las mujeres seguirán siendo discriminadas en el mercado laboral, como señalan todos los estudios.
Por eso es tan necesario un cambio radical en la política empresarial de este país, aunque sea a golpe de decreto. En España, prácticamente la única medida de conciliación laboral es la reducción de la jornada, pero esto no es más que otra renuncia encubierta. Reducir la jornada es renunciar a parte de tu salario y renunciar también las posibilidades de promocionar en la empresa. ¿Cuántos hombres se han enfrentado en una entrevista de trabajo a la pregunta tiene hijos o piensa tenerlos a corto o medio plazo? Es una pregunta que se hace a las mujeres porque para los empresarios, contratar a una mujer va a suponer tener que sustituirla en su baja de maternidad.
Por eso, lo único que podría igualar a la mujer frente al hombre a la hora de la contratación son las bajas de maternidad obligatorias, iguales e intransferibles para ambos progenitores. Ahora con 16 semanas para la mujer, y un mes para el hombre, la maternidad se percibe como un problema y la mujer entre 25 y 45 años como un activo poco rentable. Con bajas igualitarias e intransferibles, las mujeres tendrán las mismas oportunidades de ser contratadas que un hombre, porque el coste económico y laboral será el mismo en los dos casos.
También hay que racionalizar horarios porque, aunque que trabajamos más horas que la media de los europeos, somos menos productivos, porque nos cunde menos. Hay que acabar con la política de la silla caliente, ampliando teletrabajo parcial, extendiendo el uso de la jornada intensiva, porque no hay conciliación posible saliendo de trabajar a las 7 o las 8 de la tarde.
Además, está demostrado, un trabajador feliz es un trabajador doblemente productivo. La mayoría de los expertos y no pocos empresarios (en privado) coinciden al asegurar que a menos horas de trabajo mayor rendimiento, por eso la medida clave para compaginar conciliación con rendimiento y productividad, lo mejor sería reducir la jornada de 8 a 6 horas. Pero llegada la hora de la verdad puede la avaricia empresarial y la cultura del presencialismo laboral que a la larga lastra nuestro modelo económico y penaliza a las mujeres en concreto y a toda la sociedad en su conjunto.
LOS DATOS DE LA VERGÜENZA
Brecha salarial: las mujeres cobran un 23% menos que sus compañeros varones por hacer el mismo trabajo. Tardaremos 118 años en cerrar esta brecha, según el Foro Económico Mundial
La brecha repercute también en el tipo de pensión. Trabajan menos y cotizan menos. La brecha en las pensiones de jubilación asciende al 37,95%: Una media de 742,81 euros, entre las mujeres, frente a los 1.197,19 euros de los hombres, una diferencia de 454,38 euros.
Solo 1 mujer por cada 4 hombres está dirigiendo una compañía
El 82% de las personas que dejan de trabajar para ocuparse de sus hijos son mujeres.
El 92% de las personas que deciden reducir su jornada laboral, para cuidar de sus hijos también son mujeres.
Más paro y entre las ocupadas, el 72% del trabajo a tiempo parcial lo hacen las mujeres frente al 27% de los hombres
Tareas domésticas: ellas más de cuatro horas, ellos la mitad, según el INE. Casi el 70% de las horas de trabajo doméstico las realizan las mujeres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *